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Rosario Núñez: Entretejidos de recuerdos

Ixpuichiapan, Estado de México.

Rosario Núñez aprendió a empuntar rebozos cuando era niña. Se sentaba al lado de su madre, Dolores Flores Solano, quien, junto con sus amigas, se reunían cada tarde para tejer. Observaba como las artesanas llegaban al patio de su casa como si se tratara de una orquesta.

Cada empuntadora traía su instrumento a la sesión, de sus bolsas sacaban grandes lienzos que algunas veces llegaban a medir hasta tres metros. Las telas, hechas previamente por reboceros de Tenancingo, lucían colores y patrones con un estilo único, siempre del agrado de la empuntadora. Antes de iniciar la sesión acomodaban sus rebozos sobre una mesita o encima de sus piernas, cada una tenía un estilo y rutina especial.

Rosario disfrutaba presenciar cada parte del proceso. Uno a uno, las artesanas tomaban los hilos que se desprendían del rebozo para comenzar a ordenarlos, anudarlos y formar pequeños amarres que poco a poco iban dando forma a la pieza. El chasquido como de un clic sonaba constantemente, aquel ruido, parecido al que hace un loro al pelar una semilla, se producía cuando la uña rozaba el hilo para apretar el amarre, ese sonido marcaba el ritmo del ritual.

Sentada al centro del lugar su mamá platicaba y reía con el resto del grupo. Rosario desde un venderlos, pero al principio su mamá no la dejaba hacerlo tenía miedo de que los echara a perder, aun así, Rosario los tejía cuando ella no se daba cuenta. “Yo era muy traviesa, a veces no obedecía a mi mamá y le tomaba el rebozo a escondidas, lo hacía porque quería aprender”, recuerda.

Aquellas sesiones podían durar semanas o incluso meses, los rebozos que en un principio solo tenían puntas de hilos, ahora estaban terminados, se cerraba el circulo de creación del rebocero y la empuntadora, “no hay rebozo sin rebocero, ni empuntadora”, señala. En las piezas podían encontrarse diversas figuras, algunas geométricas, guías de flores, cocoles, corazones, rombos, técnicas que con el tiempo y la herencia se habían preservado.

Hoy Dolores y el resto del grupo no acompañan a Rosario en el patio de su casa, pero sí lo hacen sus amigas en el pueblo, que algunas veces tejen junto a Rosario y la hacen recordar aquellas tardes de aprendizaje que sirvieron como impulso para convertirla en una de las artesanas más reconocidas de la región, “Tuve a la mejor maestra”, admite.

Su talento y constancia la han hecho ganar múltiples premios y reconocimientos, el más importante de ellos, el Galardón Presidencial, la máxima categoría del Concurso Nacional, Gran Premio de Arte Popular en su edición 2016. Su obra, fue elaborada sobre un rebozo lila tejido en telar colonial con algodón, de diseño azteca, fue premiada por las puntas con diseños de granada, en donde utilizó la técnica que más domina, el cordón partido. Rosario, resultó ganadora entre más de 2200 obras que participaron en aquel certamen.

En entrevista para Mexicanísimo, Rosario Núñez Flores platicó acerca de su vida como artesana, sus orígenes y preocupaciones por preservar este arte tradicional.

Inspirada en los pequeños detalles

Mientras teje, siempre sonriente, Rosario cuenta cómo se inspira para crear nuevos diseños en sus piezas solo hay que observar a tu alrededor”, señala. Las escenas cotidianas son para Rosario los momentos ideales en donde se inspira para crear nuevas piezas y mejorar sus diseños. A Rosario le inspira la naturaleza, sus formas caprichosas y cotidianas, por eso suele hacer guías de flores, unas de sus favoritas con la figura de la flor de durazno o de limón, mariposas, corazones, rombos, zig zags e incluso pencas de nopal.

“Me inspira la naturaleza, en ella encuentro figuras únicas, las flores, las alas de las mariposas o las pencas de nopal, uno puede inspirarse en sus formas”, asegura.

Cada pieza es única

Rosario aprendió con los años que cada pieza es diferente y requiere un trabajo en particular. Antes de comenzar un trabajo analiza detenidamente la pieza elaborada previamente por el rebocero. El color, patrón de los hilos y la cantidad de ellos, son puntos que la artesana analiza para decidir qué va bien con la pieza.  “Veo al rebozo y decido qué le queda, me lo imagino puesto”, apunta. Rosario, decide entre muchos diseños, a veces prefiere usar guías de flores, corazones o cocoles, arcos de moño, granada o figuras geométricas como rombos, para Rosario lo más importante es que cada pieza combine y haga lucir a quien lleva puesto el rebozo.

El trabajo que conlleva empuntar una pieza llega a tomarle entre cuatro y seis horas por cada sesión; y de dos a tres meses para terminarlo. Aunque hay factores que influyen, como la cantidad de hilos que haya ocupado el rebocero, el grosor, el tamaño del empunte, el diseño, incluso, el uso de accesorios como son las chaquiras que suelen incluirse en algunas piezas.

Tejidos con amor

Su gran dedicación a veces suele encariñarla con sus propios trabajos, Rosario confiesa que ha llegado a tomarles un cariño especial a sus piezas, pues al dedicar tanto tiempo a elaborarlos, le resulta difícil deshacerse de ellos una vez que los termina. “Para mí, son como mis hijos, les dedico tanto tiempo y cariño que cuando llego a venderlos siento que me desprendo de algo que es mío”, relata.A lo largo de los años Rosario ha adquirido rebozos únicos, con técnicas que ya no suelen trabajarse en la actualidad, como el rebozo de olor, que se hacía con hierbas o flores para impregnar al rebozo de un aroma en particular.

Sus piezas son muy cotizadas, es conocida en su pueblo, Ixpuichiapan, como una de las artesanas más importantes, “nos han dicho que somos las doncellas de Ixpuichiapan, así nos apodaron en una revista” recuerda. Debido a los múltiples premios y reconocimientos que ha ganado y le han valido su fama, siempre encuentra a algún comprador o coleccionista que viene directamente para hacerse de alguno de sus trabajos. “A veces vienen desde muy lejos solo para comprarme mis trabajos, no siempre quiero venderlos, a veces quiero quedármelos por lo bonito que los hice”, confiesa.

Al rescate de una tradición

Sus conocimientos para entrelazar hilos de algodón son una “herencia familiar” de la cual se siente orgullosa Rosario, “mi abuela le enseñó a mi mamá y ella a mí”, narra.  Por eso la maestra “Chayo” o “Chayito”, como la conocen sus amigos, lamenta que se esté perdiendo, “Cada vez es más difícil enseñarles a los jóvenes a empuntar o elaborar un rebozo, no les interesa aprender”, afirma.

Sin embargo, existen proyectos para preservar esta arte textil como el de La rebocería, una tienda en línea y proyecto colectivo emprendido por Jesús Fuentes y Julio Cesar Gómez, en el que participan más de 30 familias de diferentes localidades del Estado de México como Calimaya otra zona con tradición rebocera de la cual ellos son originarios, Zumpahuacán y Tenancingo de Degollado. Jesús cuenta que la finalidad de La Rebocería es el de rescatar esta tradición textil que tiene más de 300 años en Calimaya y en la región, recuperar las técnicas de empuntado y elaboración del lienzo para evitar perderlas. “En la actualidad se ha ido perdiendo la práctica de la elaboración de lienzos, tanto el de pedal como el de cintura, solo se preservó la creación de las puntas del rebozo”, comenta. Además de preservar la tradición rebocera, Jesús busca que su proyecto, permita generar nuevas estrategias para vender las piezas de los artesanos y evitar intermediarios, que muchas veces “son los que más se benefician” de la venta del rebozo. “Hay que darle un nombre y apellido a cada persona que está detrás”, resalta.

Rosario da talleres en La Rebocería, en donde enseña diferentes técnicas y diseños del empuntado, como el cordón partido, la cual se esmeró en rescatar de antiguos rebozos. “Chayito ha sido una gran aliada para nosotros”, asegura Jesús. Por eso Rosario cree que una de las cosas más importantes de su labor es enseñar su trabajo, como lo ha hecho con Jesús, buscando así, que perdure el arte del empuntado “si no enseñamos a los jóvenes nuestras tradiciones, poco a poco se irán perdiendo”, advierte.

Rosario termina de empuntar el rebozo por hoy, sus puntas de color negro comienzan a tomar forma de corazones, seguramente las acabará en un par de días, mientras tanto, toma a uno de sus “hijos”, lo envuelve ágilmente por encima de su espalda y sale de su casa, “es hora de llevar el maíz al molino y preparar las tortillas, se acerca la hora de la comida”.

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